Me llamo Mónica. Vivo en un pueblo costero de Cataluña con mi pareja y tengo una tendencia bastante marcada a investigar demasiado cualquier cosa que pueda mejorar mi vida. El barefoot no iba a ser una excepción.
Trabajo en el ámbito social, acompañando a personas con problemas neurológicos, y desde hace muchos años me interesa la relación entre cuerpo, salud y bienestar. He estudiado naturopatía, masaje y distintas terapias complementarias, y he pasado por unas cuantas fases con mi propia salud: temporadas sin comer productos de origen animal, ayunos largos, meditación, yoga, pilates y otras cosas que, en algún momento, pensé que había que hacer sí o sí para estar bien.
Algunas me ayudaron mucho. Otras, sinceramente, bastante menos. Y sobre unas cuantas he cambiado completamente de opinión.
Con los años he aprendido algo que ahora valoro más que cualquier propuesta concreta: tener criterio. Soy menos impresionable, investigo más y también intento tomarme todo esto con un poco más de disfrute.
Esa forma de mirar las cosas es la que está presente en Pretty Barefoot.
No me gustaban esos zapatos
Tengo el pie bastante ancho y en casa voy descalza casi siempre. Nunca he entendido demasiado bien por qué un zapato bonito tenía que empezar a doler antes de acabar el día, así que podríamos decir que ya tenía cierta inclinación hacia el barefoot antes de saber que existía el barefoot.
La palabra apareció realmente en mi radar cuando empecé a revisar mi postura corporal. Una instructora de pilates terapéutico me hizo prestar más atención a los pies porque "en ellos empezaba todo" —oh, sorpresa— y ahí empecé a investigar.
Primero fue anatomía. Después toe boxes, zero drop… y de pronto tenía una cantidad bastante absurda de pestañas abiertas con decenas de barefoots.
Muchos modelos. Demasiados modelos.
Y un pequeño problema: me costaba encontrar uno que de verdad quisiera ponerme.
Eran demasiado deportivos o demasiado ortopédicos. No quería parecer continuamente preparada para ir de excursión a la montaña.
Yo quería llevar barefoot a la oficina.
No trabajo en un entorno especialmente formal, más bien al contrario. No necesito tacones ni zapatos clásicos, pero sí quería poder ponerme un pantalón amplio, un vestido sencillo o un abrigo bonito sin sentir que los zapatos no pegan en absoluto.
Quizá también tenga que ver con la edad. Cuando tenía veinte años y era medio hippie, me importaba poco parecer extravagante. Ahora sigo queriendo vestir de acuerdo con mis valores, pero también quiero mirarme al espejo y pensar simplemente: me gustan.
Pretty Barefoot nace ahí
Después de mirar tropecientos modelos entendí que el problema no era que no existiera calzado barefoot bonito. Existía, pero estaba disperso entre muchísima oferta que yo jamás me pondría.
Encontrarlo implicaba horas de marcas, webs, fichas técnicas, reviews y medidas.
Pensé que me habría encantado encontrar una web que hubiera hecho ya ese trabajo. Una selección pequeña, con criterio y pensada específicamente para mujeres.
Y sospeché que no podía ser la única.
No la encontré.
Así que creé Pretty Barefoot.
Cómo selecciono
No intento enseñarte todo lo que existe. Para eso ya está Google.
Aquí hago lo contrario: miro mucho para enseñarte poco.
Y la primera pregunta que me hago es bastante simple: ¿me los pondría si nadie me dijera que son barefoot?
Si la respuesta es no, normalmente no voy mucho más lejos.
Después miro la forma, las proporciones, la puntera, la suela, los materiales, el fit y el tipo de pie para el que puede tener sentido. Y, sobre todo, cómo puede convivir con ropa normal.
¿He probado todos los zapatos barefoot que aparecen aquí? No. Ojalá. Mi zapatero tiene límites y mi cuenta bancaria, tristemente, también.
Pretty Barefoot analiza muchos más modelos de los que una sola persona podría comprar razonablemente, así que quiero ser muy clara con la diferencia. Cuando he probado personalmente un modelo, te contaré cómo me ha quedado, qué me ha gustado, qué no y qué detalles he descubierto. Cuando no lo haya probado, también te lo diré. Mi análisis se basará en medidas, materiales, construcción, fotografías, especificaciones, guías de talla y demás información facilitada por la marca o el distribuidor.
Parece obvio. En Internet no siempre lo es.
Una nota sobre salud
No soy podóloga ni fisioterapeuta y Pretty Barefoot no pretende decirte qué necesita médicamente tu pie.
Mi formación y mi trabajo hacen que me interese mucho la salud. También hacen que me tome bastante en serio los límites de lo que sé.
Si tienes dolor, una lesión, una patología o dudas concretas sobre tu caso, esa valoración corresponde a un profesional sanitario.
Quiero ser transparente
Pretty Barefoot contiene enlaces de afiliación. Si compras algo a través de uno de ellos, puedo recibir una comisión sin coste adicional para ti.
A mí me ayuda a mantener la web, investigar y seguir dedicando una cantidad probablemente excesiva de tiempo a seguir buscando barefoot bonito.
La comisión no decide qué entra en la selección. Si un modelo me parece interesante, te diré por qué. Si veo un inconveniente, también. Y si algo no me convence, no voy a intentar convencerte a ti.
Puedes utilizar mis enlaces o no hacerlo. Mi opinión seguirá siendo la misma.
En realidad, esta web hace una sola cosa
Podrías pasar una tarde comparando zapatos barefoot. Probablemente varias.
Abrir veinte webs, buscar reviews, traducir una tabla de tallas alemana y preguntarte si ese modelo es realmente bonito o si simplemente llevas ya tres horas mirando barefoot y has perdido toda referencia estética.
Yo he estado ahí.
Pretty Barefoot existe para hacer esa parte antes que tú: mirar, comparar y descartar hasta dejar una selección suficientemente pequeña como para que puedas pensar:
este sí.
Y seguir con tu vida.